EL CIRCO BAILARÍN
A lo largo del proceso fuimos construyendo la coreografía poco a poco. Primero escuchamos la música varias veces para identificar sus cambios, repeticiones y momentos más intensos. Después empezamos a imaginar qué personajes del circo podían encajar mejor con cada parte: payasos, equilibristas, malabaristas, el payaso… Cada un aportaba una idea de movimiento distinto, y eso nos permitió crear una coreografía muy dinámica y teatral. Nos centramos en exagerar gestos, jugar con las entradas y salidas, y coordinar pasos que acompañaran el ritmo tan característico del Can‑Can.
Lo más interesante fue darnos cuenta de cómo una actividad así combina música, expresión corporal y creatividad de una forma muy natural. No solo estábamos bailando: estábamos contando una historia, interpretando personajes y trabajando en equipo para que todo quedara bien. Este tipo de propuestas tiene muchísimo valor en Educación Infantil porque ayuda a los niños a expresarse sin miedo, a mejorar su coordinación y a desarrollar la imaginación a través del juego simbólico. Además, la temática del circo suele motivarles muchísimo, así que es una herramienta perfecta para introducir la danza en el aula.
Desde nuestro punto de vista, participar en este proyecto me hizo ver lo potente que puede ser la música como motor de movimiento y cómo una simple pieza puede transformarse en una experiencia educativa completa. El Can‑Can de Offenbach nos dio la energía que necesitábamos para crear algo divertido, visual y lleno de vida, y nos llevamos la sensación de que este tipo de actividades son totalmente aplicables a nuestra futura práctica docente.
Elaborado por: Rocío Navero Rodríguez.

Comentarios
Publicar un comentario